Por qué una pieza hecha a mano cuesta lo que cuesta
Todavía nos pasa alguna vez en el puesto, aunque cada vez menos: alguien coge una libreta, mira el precio y comenta que en una gran superficie las hay por bastante menos. Y tiene razón, las hay. Lo que no se ve desde fuera es todo lo que pasa antes de que esa libreta llegue a la mesa del mercadillo.
Os lo contamos por si alguna vez os lo habéis preguntado.
El láser grabando una tabla de pizarra en el taller.
Una libreta, unas tres horas de trabajo
Hacer una de nuestras libretas nos lleva unas tres horas. Las cuentas son estas:
- El diseño. Cada dibujo lo pensamos y lo preparamos aquí. Ajustarlo para que quede bien grabado en madera lleva su tiempo, y a veces hay que repetirlo hasta que sale como queremos.
- El grabado y el corte. Las tapas se graban y se cortan con láser, una a una. No hay una máquina sacando cientos por minuto.
- Pintura, resina y barniz. Los colores se pintan a mano, después va la resina y, cuando ha secado, el barniz. Ese tiempo de espera no se puede acelerar.
- El papel. Las hojas las cortamos en el taller, de papel ecológico hecho con restos de caña de azúcar.
- La encuadernación. Cada libreta se encuaderna en el taller con doble espiral.
- La revisión. Ninguna pieza sale sin que la hayamos mirado bien. Si algo no está como debe, no sale.
Lo que no sale en la etiqueta
Además de esas horas están los materiales, la luz, la máquina, los mercadillos de fin de semana, los envíos y el tiempo contestando mensajes. Una gran marca reparte esos gastos entre miles de unidades. Un taller pequeño no puede.
¿Y entonces por qué hacerlo así?
Porque nos gusta que cada pieza sea un poco distinta de la de al lado. Porque podemos grabar un nombre sin cobrar un dineral por ello. Y porque una libreta que alguien ha hecho a mano se nota cuando la tienes entre las manos.
Si alguna vez te preguntas por qué algo cuesta lo que cuesta, pregúntanos en el puesto o escríbenos. Te contamos cómo se ha hecho.